Shabby Chic: Descubre las claves de este encantador estilo decorativo

El Shabby Chic es uno de los estilos más de moda a día de hoy en decoración e interiorismo. Encontramos sus orígenes en la Gran Bretaña del siglo XIX, en particular en las enormes casas de campo victorianas tan características de la época. Los rasgos más distintivos de esta línea estética son el romanticismo, la nostalgia y la sofisticación que desprenden sus atmósferas, sensaciones obtenidas gracias a la predominancia de colores suaves y pastel, así como al tratamiento al que son sometidos los muebles y los elementos decorativos utilizados.

Abundan las pátinas desgastadas, las superficies decapadas, las piezas recicladas y/o restauradas, etc., así como las tapicerías y texturas florales. La suma de estos elementos empaña el conjunto de un encantador y embriagador tono decadente. Hablamos de un estilo vintage, sí, pero del vintage más romántico que pueda concebirse en la actualidad (sin llegar a caer, claro, en extremos histriónicos y de mal gusto). La carga sentimental del Shabby Chic se desprende de cada uno de los poros de las piezas utilizadas para decorar una estancia. 

Shabby Chic y Cottage: Estilos similares pero no idénticos

La principal diferencia entre el estilo Shabby Chic y el look Cottage británico (con el que comparte infinidad de similitudes) es que este último tiende a buscar reminiscencias rústicas más acusadas, así como guiños continuados a la naturaleza. Para ello, el Cottage, además de utilizar muchos de los recursos que a continuación veremos con más detalle, vira su paleta de colores hacia tonalidades un tanto más oscuras (como los verdes, los marrones, los grises o los beige-casi-amarillentos), buscando el contraste de las mismas con el omnipresente blanco y los pasteles más sutiles (que todo lo pueden y ocupan en el Shabby Chic).

En ciertas ocasiones, el Cottage llega a introducir la piedra (en chimeneas o en los acabados de las infraestructuras, por ejemplo), para que la presencia de la naturaleza sea más palpable. En definitiva, puede decirse que el estilo Shabby Chic es un rústico más fino y de línea provenzal más marcada si cabe que en el Cottage.

Muebles y materiales propios del Shabby Chic

Sin lugar a dudas, la madera es el material protagonista del estilo Shabby Chic, siendo el hierro su principal aliado para componer piezas de un encanto retro sin parangón. Mientras que la madera es utilizada (y reutilizada) para la elaboración de prácticamente la totalidad de los muebles (sometida, como apuntábamos con anterioridad, a procesos que la doten de aspecto envejecido), el hierro aparece en cabezales, marcos o espejos. Los muebles son en su mayoría clásicos y de formas y acabados redondeados, aunque, en ocasiones y dependiendo de cada interiorista, estos pueden apuntar líneas un tanto más modernas y sofisticadas (de ahí el ‘chic’ que forma parte de la denominación de este estilo).

Por otra parte, y en referencia a los elementos ornamentales, encontramos gran cantidad de piezas confeccionadas con fibras naturales (cestas, macetas y sillones de mimbre, por ejemplo). Asimismo, la cerámica es otro de los materiales que más se presta a la decoración Shabby Chic, y a menudo aparece cubierta o atravesada de pequeñas y preciosistas flores, uno de los iconos por antonomasia de este estilo tan en boga.

Texturas y colores protagonistas

Como decíamos, los colores en tonos pastel (azules cielo, rosas, violetas y verdes pálidos, etc.) juegan un papel crucial en la consecución de esa nostalgia y placidez características del Shabby Chic, siempre sobre un fondo blanco. Ello dota a los espacios de una amplitud y luminosidad notables, un detalle que hace que este estilo haya podido adaptarse a viviendas de dimensiones medias e incluso reducidas, trasladándose desde las grandes estancias victorianas de sus orígenes hasta las casas y pisos contemporáneos.

Las texturas con cuerpo protuberante, pobladas de encajes y bordados (que nunca se alejan de la paleta de colores mencionada), se hacen notar, siendo los estampados florales los que más predominan en la ornamentación, sobre todo en las telas (cortinas, colchas, manteles, etc.) y los papeles pintados de las paredes y en aquellos que sirven para recubrir muebles de madera. Nos referimos a los famosísimos estampados Liberty, que los almacenes londinenses del mismo nombre pusieran tan de moda a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

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